Cristal: "Sólido cuya estructura atómica está ordenada de forma periódica en las tres direcciones del espacio, es decir, que está formado por la repetición de un motivo siempre idéntico de átomos, iones o moléculas. Exceptuando el vidrio y las sustancias amorfas, toda la materia sólida se encuentra en estado cristalino."

Amapola: "Papaver rhoeas. Planta anual de la familia de las Papaveráceas, con flores rojas por lo común y semilla negruzca, tallo velloso con propiedades venenosas. Frecuentemente nace en los sembrados y los infesta. Es sudorífica y algo calmante. No se puede utilizar como ornamento debido a que sus pétalos se marchitan con facilidad."

sábado, 13 de noviembre de 2010

BSO

¿Nunca habéis leído un libro mientras escuchábais la misma música una y otra vez hasta el infinito? ¿Nunca? No me lo puedo creer. A mí me pasa constantemente. Y es fascinante.
Esa música que escuchas mientras lees, pasa a formar parte del libro, de la trama, de la historia. Se entremezcla con los personajes y los entornos, tejiendo una red indistinguible e indestructible. A partir de ese momento, la historia y sus protagonistas permanecerán fijados a esa melodía para siempre.
Así, cuando escucho la banda sonora original de "Las horas", releo "Expiación" en mi mente, y reedito mi odio hacia aquella niña, y mi impotencia ante el devenir de los acontecimientos.
Si pongo el "Speak and spell" de Depeche Mode, vuelvo a vivir en el misterio y la atmósfera claustrofóbica de "Esfera", sintiendo detrás de mí, y a mi alrededor la presencia de aquella criatura fría y terrorífica.
El "Diario del año de la peste" de Defoe está definitivamente ligado a las "Variaciones Goldberg" de Bach... Y podría continuar así durante días.
Cada libro, cada historia, tiene su música adecuada. De hecho, yo siempre he creído que los músicos, cuando  componen, lo hacen inspirados en una historia; y los escritores, escriben letra tras letra, palabra tras palabra, al ritmo de una música misteriosa que solo en su mente suena.
Solo es cuestión de encontrar la pareja perfecta. Como sucede con casi todo en la vida. Y en este tema no existen verdades absolutas, sino que cada cual deberá buscar la melodía que suena en su cabeza mientras lee y viceversa.
Algunos de nosotros somos incluso más afortunados, y no solo lo que leemos termina teniendo banda sonora. Es nuestra vida al completo, cada uno de los sucesos, la que  tiene una música paralela; a veces lenta, tediosa, que se arrastra pesadamente para, de repente subir, más y más arriba hasta convertirse en una explosión sinfónica.
Hay momentos emparejados con canciones: está la música de conducir triste (Vetusta Morla), la música de subir al trabajo ("Everything is illuminated BSO"), la música de dormir ("K-Pax BSO"), la de mis pingüinas bailando a carcajadas ("Jungle drum" de Emiliana Torrini), y la de cerrar los ojos y solamente respirar mientras acaricias el terciopelo de un concierto de Bach para violonchelo tocado magistralmente por Yo-Yo Ma.
Y hay actividades que por sistema se deberían practicar con música. No concibo esquiar sin que sea con "Sister golden hair" de los America de fondo; y cada vez que me hago mis 1000 metros estilo libre en la piscina, echo de menos mi concierto de piano preferido de Mozart.
Supongo que todo esto no es más que otra de mis excentricidades; pero a mí, personalmente,  me hace sentir tremendamente bien el hecho de saber que mi vida tiene banda sonora.


Dedicado especialmente a todos los que no conciben una vida sin música.
O viceversa.

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