Anteayer vi algo que, de no ser porque me encontraba en uno de esos raros momentos de lucidez espiritual, hubiese pasado al olvido de mi memoria selectiva particular como "sí, aquel docu que vimos un día en la cama... sí, el de los monos".
Se trataba básicamente de una tribu de alguna selva brasileña, en la que se alimentaban casi al 100% de carne de mono. De monos que cazaban los hombres con unas cerbatanas enormes. Obviamente, decían, esos monos que ellos mataban, dejaban huérfanos a un montón de monitos. Así que, las mujeres de la tribu adoptaban a los monitos y los criaban como si fueran sus propios hijos, los amamantaban, despiojaban, mimaban y cuidaban hasta que, al hacerse mayores, eran liberados.
Era su modo de devolverle a la naturaleza lo que tomaban de ella. Se sentían en deuda con su entorno, intentaban restablecer el maravilloso equilibrio que, entre todos un poquito, nos estamos cargando.
Me hizo pensar. Me emocionó. Y pensé que es una ironía que a estas PERSONAS les llamemos salvajes, nosotros, los civilizados. Los que culta y civilizadamente tomamos más de lo que precisamos, sin devolver nada bueno a cambio, los que muy educadamente contaminamos, ensuciamos, los mayores creadores de basura de la historia. Nosotros, los civilizados.
Y si solamente se tratase de esto, bastante bien parados saldríamos. Pero no, qué va. De la misma forma que nos aprovechamos de nuestro entorno, lo hacemos también de nuestros congéneres; pisamos, arañamos, golpeamos, mordemos si hace falta al que se quiera colocar -justa o injustamente, que eso es lo de menos- por delante de nosotros, ya sea en el trabajo, en el supermercado o en la cola del paro. Cogemos sin regresar nada. Robamos amor, energía, esfuerzo, sentimientos. Besos. Abrazos. Vendemos nuestra dignidad por un puñado de monedas que ni siquiera necesitamos.
Lo hemos perdido todo. Los valores, los principios, la ética. Nosotros. El alma.
Después salía un señor brasileño, encargado de sobrevolar la selva brasileña para encontrar las últimas "tribus salvajes" y localizarlas en un mapa, y así evitar que los taladores furtivos (o no) los masacren como a incómodos bichitos que harán tropezar a las máquinas tragatroncos. Solo los fotografía y sitúa en un mapa. No aterriza, no interactúa con ellos. Los respeta.
Viven el la edad de bronce, decían. Son los únicos seres humanos realmente libres que quedan en el planeta. Eso dijo aquel hombre; y me pareció una gran verdad. Un axioma. Un paradigma.
En realidad tienen todo lo que necesitan, y a cambio ellos devuelven la vida que quitan, respetan y son respetados. No precisan lujos, ni vestidos, ni coches, ni casas, ni posesiones, ni joyas, ni gadgets. Porque tienen lo más importante: vida, amor, alegría, aire y luz.
Tienen lo mismo que tenemos cualquiera de nosotros (al menos yo sí). Pero la diferencia entre ellos y nosotros, lo que los hace verdaderamente libres, es que ellos lo saben. Mientras nosotros continuamos empeñados en buscar la felicidad donde es imposible encontrarla, y eso nos hace vivir presos de nosotros mismos.
Y ya sé que esto es una utopía, y que yo (al menos yo sí) seguiré comprando bolsos de forma compulsiva hasta que muera, y que eso no me hará feliz. Y mucho menos libre.
Pero mientras sea capaz de, al ver cosas como aquel documental... sí, el que vimos en la cama, el de los monitos; sentir que mi pecho se ensancha, que me entra más aire en los pulmones, que mi corazón se hace grande a fuerza de felicidad. Mientras eso suceda, sabré que todavía tengo conciencia, y que puedo llegar a ser verdaderamente libre.
... a veces Wendy quisiera escapar, lejos, muy lejos ...
... volar hacia aquella isla donde todo es posible ...
... donde solamente hace falta soñar para que los sueños se hagan realidad ...
... a veces a Wendy le pesa demasiado aquel polvodehadas que guarda ...
... a veces Wendy solamente desearía ser verdaderamente libre...
3 comentarios:
Wow!
Precioso post.
Un abrazo grandote.
Cuidate.
Ciao.
;-P
Sandra, Gracias por invitarme a visitar este espacio de reflexión... lo contemplaré desde el corazón. Me ha gustado compartir las horas del curso, prepararé algo interesante para el próximo y será maravilloso contar con el aporte de tu conciencia.
Emma
Atención: queda confirmado que ninguno, repito, ninguno de esos últimos hombres libres sobre la faz de la Tierra, esos que tienen todo lo que necesitan, y a cambio ellos devuelven la vida que quitan, respetan y son respetados, esos que no precisan lujos, ni vestidos, ni coches, ni casas, ni posesiones, ni joyas, ni gadgets, porque tienen lo más importante (vida, amor, alegría, aire y luz), insistimos, ninguno de ellos, posee un iPad. Repito, ninguno de ellos posee un iPad. Sin embargo, son extrañamente dichosos. Steve Jobs aún no ha dicho nada al respecto.
Besísimos muchos.
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