Cristal: "Sólido cuya estructura atómica está ordenada de forma periódica en las tres direcciones del espacio, es decir, que está formado por la repetición de un motivo siempre idéntico de átomos, iones o moléculas. Exceptuando el vidrio y las sustancias amorfas, toda la materia sólida se encuentra en estado cristalino."

Amapola: "Papaver rhoeas. Planta anual de la familia de las Papaveráceas, con flores rojas por lo común y semilla negruzca, tallo velloso con propiedades venenosas. Frecuentemente nace en los sembrados y los infesta. Es sudorífica y algo calmante. No se puede utilizar como ornamento debido a que sus pétalos se marchitan con facilidad."

sábado, 5 de febrero de 2011

Y sin embargo...


- "Esto no puede terminar bien"
Eso fue lo que pensó en cuanto él cerró la puerta del piso que ella tenía alquilado en el centro. Llevaban una semana amándose, físicamente hablando; y toda la eternidad enamorados, en realidad... actually, que dirían los ingleses.
Love actually
Los dos adoraban aquella película. Como tantas otras cosas que compartían, miles, millones. A pesar de ser tan diferentes, tan distantes, tan distanciados en todos los sentidos. Edad, formación, idioma, gustos, personalidad... todo parecía querer separarlos, y sin embargo algo en su interior había hecho que se unieran.
Era como si hubiera estado escrito en algún caprichoso libro del destino que ellos dos llegarían a ser uno. Una vez. Dos. Y otra. Y otra más. Hasta que perdieron la cuenta. Jamás se cansaban de ellos mismos. El resto del mundo sobraba, es más, molestaba.
Aquella tarde, sin embargo, algo no encajaba. No podía decir el qué, pero tenía desde la comida aquella sensación en el pecho, como un presentimiento, algo que no sabía definir bien, pero sabía que algo no era ya igual que ayer. Lo sabía.
Habían comido juntos, sin tocarse, sin rozarse, sin apenas mirarse a los ojos. Aquellos fabulosos ojos grises. Y después, al llegar a casa, a su casa, a su refugio, al único lugar del mundo donde él le permitía abrazarle, besarle, acariciarle (jugar como niños desnudos al sol un día de verano, libres, felices) se habían amado hasta la extenuación, sorbiendo cada gota de sus pieles, como si aquel fuera a ser el último día de sus vidas. Era todo tan asquerosamente perfecto que era absolutamente imposible que terminase bien.
Él había llegado a su vida como llegan las cosas buenas, por sorpresa, como los tréboles de cuatro hojas, como los abrazos inesperados, como los premios, como los  regalos anónimos, como los piropos; pero también, y pronto se daría cuenta de hasta que punto, como llegan las peores cosas, como los sustos, como las tormentas, como los accidentes, las desgracias, como las maldiciones, como la muerte... Sin avisar.
Había llegado y se había metido de lleno en su vida, trastocándolo todo. La había cambiado, ya no era ella. Ella, tan fría, tan comedida, tan distante, tan seria, tan controlada; se había convertido en todo lo contrario, él había ido en dos meses de risas, de complicidades, de largas horas mirando juntos hacia ninguna parte, decapando una coraza de años, hasta descubrir la niña que todavía era, ingenua, inocente... IMBÉCIL.
Aquella tarde, mientras remoloneaba desnuda en la desordenada cama, mientras todavía era capaz de saborear sus besos sobre su hombro izquierdo, de sentir sus dedos entre su pelo corto (que él odiaba, lo mismo que el esmalte negro de uñas que ella creía le daba suerte), lo supo. Se había acabado, o lo haría pronto. Seguro.
- ¿Harás algo por mí?
- ¿Ahora?
- No, cuando llegue el momento, ¿harás algo por mí? 
- Lo que quieras.
- ¿Aunque tú no quieras?
- ¿Me estás pidiendo que te deje?
- Sí.
...
En aquel mismo momento se le partió el corazón. Ella lo sabía, lo había sabido desde el principio, él no era libre. Pero, ¿acaso ella le había pedido algo?, ¿acaso podía ella pretender en dos meses de amistad y una semana de amor (si es que aquello era amor) borrar una vida? No, simplemente quería vivir, hoy, y después de hoy, mañana. Y así desde ayer, desde hacía una semana, sin mirar más allá. Que sucediera lo que tuviera que suceder cuando tuviera que suceder. ¿Por qué pensarlo?
Por esa misma razón, borró ese pre-sentimiento de su cabeza y siguió viviendo, soñando, con él, por él; siendo de él; yendo hasta él, hacia él, desde él; bailando ante él, tras él, bajo él, sobre él... aquel baile ritual de cada tarde llena  de besos, de respiraciones entrecortadas y palabras escondidas. De risas.
Que pronto, tan pronto, se convirtieron en llantos.
...
Ya no le entendía, era como si fuera otra persona. A veces dulce, tierno, alegre, niño; y al mismo tiempo frío, cortante como una cuchilla, cruel, rencoroso, sádico, MALO. Le hacía daño a sabiendas, solo para a continuación pedirle perdón y darle las gracias por permitirle aprender, crecer a su lado.
Y así una semana. Y ella callaba. Pero lo sabía. El final estaba cerca, aunque no sabía que sería tan pronto.
Y un día llegó. Como llegan las cosas buenas, como llegan las cosas malas. Sin avisar. Frío, eso tuvo ella al verlo. Desde detrás de sus ojos grises como el hielo, mientras le acariciaba la mano derecha como solía hacer, mientras ella lloraba sin saber por qué, solo le dijo que ya no eran "nosotros", que nunca lo habían sido. Y a continuación, un "pero esto no significa que renuncie a tí, lo tuyo es diferente, a tí te quiero".
Y ella callaba.
Y él se fue.
Y ella callaba.
Y un día, ella fue a su puerta, le llamó. Lloró. Le suplicó, rogó, pidió. Se humilló. Le contó todas las verdades del mundo, de su mundo. Desnudó su alma del mismo modo que había desnudado su cuerpo ante él. Antes. Eso había sido antes. Pero no sirvió de nada.
Y él calló.
Y ella murió.
...
Pasó el tiempo. Ni mucho ni  poco. Él pasó a existir solo en su mente, solo en sus recuerdos, solo en su amor, y allí  creció, maduró, cambió hasta convertirse en algo mucho mejor de lo que nunca fue, en algo que en realidad jamás fue.
Hasta que un día, sin avisar, como llegan las cosas buenas, y las malas; apareció ella, con su historia tan parecida, y al revés. Con su maravillosa voz que todo lo escucha, con sus silenciosapropósito para que tú hables, con su locura complementaria a la de ella. Y ella en 24 horas fue capaz de abrirle los ojos, de que volviera a ver su vida con las gafas de la ilusión, de que fuera consciente de todo lo que podía llegar a tener.
De que no estaba MUERTA.
Y ella resucitó.
...
Mucho tiempo después, en su ciudad, paseando, haciendo tiempo mientras esperaba que él (el amordesuvida) saliera del trabajo para irse a casa juntos, pisó unas letras emborronadas en la acera. Nunca las había visto antes... puede que nunca se hubiera fijado. 
LO ERES TODO
Decían.
"Lo eres todo", repitió para sí. Era tan bonito. Que alguien escribiera eso sobre otra persona. Ojalá alguien, alguna vez, llegase a escribirlo para ella, sería hermoso. Pero él no era de esos... no le iban las demostraciones escandalosas, y quizás lo prefería así... para escandalosa ya estaba ella.
"Lo eres todo", pensó de nuevo. Quizás no significase nada, ni siquiera para quien lo escribió. Y sin embargo, le sonaba de algo.
Siguió caminando, esperando. Siguió viviendo, sin pensar. Solo eran letras emborronadas en una acera.
Y sin embargo.





... a veces TODO significa NADA ...


1 comentario:

Larisa dijo...

¿"Lo eres todo"?

Qué peligro encierran esas palabras. Supeditar. Miedo. A riesgo de que uno se convierta en un personaje secundario de su propia biografía.

Sí, claro, a mí me pasó.

Te invito a un café y te lo cuento.