Valentina se despertó lluvia un 14 de febrero. Pero se despertó. Sí, lo hizo. Era un día especial, como Reyes, como un cumpleaños, como un aniversario de algo bueno. Para otros aquel era el día del CorteInglés, del comercio, del gastarporgastar, del capitalismo, del consumismo, del blablabla...
A Valentina siempre le había dado igual. Ella siempre había celebrado aquel día y siempre lo iba a celebrar.
Así que se levantó, rebuscó en todas las cajascasivacías de pastillas que encontró hasta que consiguió encontrar las gafasnuevasdeverlavida. Se las puso y... voilá! Todo rosa, perfecto. Se vistió de negro y rojo, y salió a la vida gris.
Ahora tocaba pensar qué iba a hacer de especial, así que pensó:
1. ¿Qué es lo más especial que tengo yo para dar?
2. ¿Quién es tan especial que merece que se lo regale?
...
Mientras pensaba en esto, y en otras cosas, porque ella era de las que piensan todo y nada al mismo tiempo, aprovechó para juntar todas aquellas cajascasivacías, pero al juntarlas todas, pensó que mejor sería hacer con ellas una gran caja para llenar de algo especial. Así que, una vez que tuvo la caja hecha de cajascasivacías (Valentina adoraba las cajascasivacías, las usaba para casitodo), decidió que la pintaría de rosa, aunque cuando terminó, a ella aquel rosa casi le pareció otro color, no sabía cuál, pero era el mismo que tenía ella casitodos los días.
Durante todo este tiempo, e incluso más o menos, encontró tiradas bajo la cama las respuestas a aquellas preguntas que pensó al levantarse. Y eran:
1. Mi corazón.
2. MiMitad, MiHogar. Y NuNu, y "LaNiñadelosOjosGrandes", y Ro, y Chicken Little, y PicoPico. Y sí, por supuesto, como no, absoluta y decididamente, Alice.
Entonces buscó las tijeras, papel, cogió sus dedos (todos, los iba a necesitar), y se puso a recortar corazones, a doblar corazones, a pintar corazones, a dibujar corazones, a cantar corazones, a escribir corazones, a hornear corazones... y pintó, silbó, cocinó, moldeó, rebozó, tecleó, esculpió, y regaló corazones. Pintó todos los muros que encontró con corazones, los clavó, pinchó, pegó.
Entonces se quedó muy quietecita. Muy calladita. Casisinrespirar. Casiinvisible.
Y lo hizo tan bien, que así se quedó.
INVISIBLE
Nadie vio sus corazones, nadie los olió, nadie los leyó. Nadie los contestó.
Valentina no iba a tener ningún corazón el día de San Valentín.
Se puso tan triste entonces que rompió a llorar chocolate, y luego chocolate con arroz, hasta que ya no pudo tragar más lágrimas.
Decidió que lo mejor, o lo menosmalo, sería quedarse de nuevo como parecía ser que era, o sea, INVISIBLE. Quietecita. Calladita. Sinpensar. Sinsentir. Sinllorar. Casisinrespirar.
Pero entonces llegó a SuHogar, y allí estaba SuMitad. Y allí había un medio corazón esperándola, uno que siempre estaría allí, que siempre había estado allí, a pesar de que a veces ella se empeñaba en no verlo. Y se puso de nuevo las gafasnuevasdeverlavida, y pintó de rosa su alma, y llenó la cajacasivacía de corazones a la mitad, de pájaros que silban corazones, de cometas, de mariposas, de libélulas, de sol, de risas y cosquillas, de brisa y de dolordebarrigadetantoreír.
Cuando él abrió la caja, sin embargo, solo vió bombones, gominolas y corazones de papel. Solo.
Cuando él la abrió, solo era una cajacasillena de amor.
... casilleno, casivacío... todo depende de las gafasnuevasdeverlavida ...

2 comentarios:
Gracias por ser como eres y escribir lo que escribes y no es un reto.
Jajaja
Que saibas que ainda que eu son dos que pensan que hoxe é "el día del CorteInglés, del comercio, del gastarporgastar, del capitalismo, del consumismo, del blablabla...", gustoume moito. Quizais hai días que apetece sentirse algo de cor de rosa e facer toda unha amalgama de actividades cos corazóns.
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