Y entonces ha ocurrido algo. Cuesta creerlo por lo triste que es este día. He acompañado a Kakuro a eso de las cinco a la portería de la señora Michel (quiero decir de Renée) porque quería coger algo de ropa suya para llevarla a la morgue del hospital. Ha llamado a nuestra puerta y le ha preguntado a mamá si podía hablar conmigo. Pero yo había adivinado que era él: ya estaba junto a la puerta. Por supuesto, he querido ir con él. Hemos cogido juntos el ascensor, sin hablar. Parecía muy cansado, más cansado que triste; me he dicho: así es como se ve el sufrimiento en los rostros sabios. No se nota demasiado, sólo provoca la impresión de un cansancio enorme. ¿También yo parezco cansada?
Bueno, el caso es que hemos bajado a la portería Kakuro y yo. Pero, al cruzar el patio, nos hemos parado en seco los dos a la vez; alguien se había puesto a tocar el piano y se oía muy bien lo que tocaba. Era algo de Satie, creo, bueno, no estoy segura (pero en todo caso era algo clásico).
Realmente no tengo ninguna idea profunda sobre esto. De hecho, ¿cómo tener una idea profunda cuando un alma gemela descansa en una cámara frigorífica de hospital? Pero sé que nos hemos parado en seco los dos y hemos respirado hondo, dejando que el sol nos calentara la cara y escuchando la música que venía de arriba. "Pienso que a Renée le habría gustado este momento", ha dicho Kakuro. Y nos hemos quedado ahí unos minutos, escuchando la música. Yo estaba de acuerdo con él. Pero, ¿por qué?
Pensando en eso esta noche, con el corazón y el estómago hechos papilla, me digo que a fin de cuentas quizá sea eso la vida: mucha desesperación pero también algunos momentos de belleza donde el tiempo ya no es igual. Es como si las notas musicales hicieran una suerte de paréntesis en el tiempo, una suspensión, otro lugar aquí mismo, un siempre en el jamás.
Sí, eso es, un siempre en el jamás.
No tema, Renée, no me suicidaré y no le prenderé fuego a nada de nada.
Pues, por usted, a partir de ahora buscaré los siempres en los jamases.
La belleza en este mundo.
La elegancia del erizo, MURIEL BARBERY
... siempre ...
... en NuncaJamás ...
4 comentarios:
Fantástico libro.
Estaba leyéndote y epnsaba que podía ser...
Fue.
Lo importante es que entre tanta desesperación,de vez en cuando, hay un momento de belleza exquisita que te hace olvidar por unos instantes, al resto.
Feliz Domingo tenga usted, niña Wendy!
Cuídese.
Y no se quede con la parte final de Muriel, sino con toda la esperanza y el ir a contra corriente que se aprecia en el resto del libro.
Besos.
Ciao.
;-P
Una novela formidable. Disfruté del tono filosófico con una carga crítica profunda que subyace a lo largo de todo el texto.
Un abrazo,
Lo lamento mucho. Has de leerlo de nuevo: Renée lleva la tilde en la primera "e", no en la segunda.
En fin !! This is my fart, Wendy.
Muchísimas gracias por la corrección. Ha sido un error imperdonable por mi parte, ya que copio, al menos debería copiar bien, ¿no?
Gracias.
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