A alguien se le muere un padre.
Así, de repente. Sin avisar.
A alguien se le muere un padre, una madre, un hermano, un hijo. A alguien se le muere alguien.
Y siempre hay alguien que quiere, necesita hacer algo para que alguien no se sienta solo, desamparado, desvalido y abandonado. A pesar de que nadie podrá evitarlo por más que haga.
Alguien le dice a alguien:
- Quizás habría que avisar al resto, ¿no?
Y habrá alguien que, en su dolor (no trato de juzgar ni justificar), se adueña del dolor mismo, convirtiéndolo en monopolio, cuando en realidad el dolor, cuanto más repartido, menos sufrido.
- ¿Qué pintan los demás aquí? ¿Qué les importa al resto que a alguien se le haya muerto alguien?
Terrible. Antinatural e inhumano. Es que acaso, incluso en la muerte hay quien tiene derechos y quien no, quien puede y no puede, quien debe y no debe saber, conocer, compartir, sufrir, acompañar.
Consolar. Ayudar.
Siempre hay alguien que quiere la exclusiva del dolor ajeno.
- Me dais miedo. De verdad, me asustas cuando dices algo así. Si ahora pensáis así, en unos años os estaréis arrancando los ojos unos a otros. No os entiendo. No deberíais ser así.
Nos estamos convirtiendo en algo que es imposible. Deshumanizando, despersonalizando, incivilizando. Apatía, inmadurez; pero sobretodo egoísmo. Del más podre y asqueroso que se pueda uno imaginar.
No sé dónde vamos a terminar como especie.
No lo sé. Cuando ni siquiera la muerte consigue unirnos. Cuando el dolor de un compañero no es más que otro argumento caduco para enfrentarnos, para separarnos más.
No lo sé. Prefiero no saberlo.
... YO NO SOY ASÍ ...
... ME NIEGO ...
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