Volvió a ver a Pedro Cantos llorando, las manos metidas en el fondo de los bolsillos del sobretodo. Volvió a verlo mientras la acariciaba sin el coraje de respirar. No olvidaré este día, se dijo.
Luego se dio la vuelta, se acercó a Pedro Cantos, e hizo aquello por lo que había vivido. Se acurrucó a sus espaldas; llevó las rodillas hacia el pecho, alineó los pies hasta notar las piernas perfectamente acopladas, los dos muslos suavemente unidos, las rodillas como dos tazas en equilibrio la una sobre la otra, los tobillos separados por un suspiro; se encogió un poco de hombros y deslizó sus manos, unidas, entre las piernas. Se miró. Vio a una vieja niña. Sonrió. Caparazón y animal.
Entonces pensó que, por mucho que la vida sea incomprensible, probablemente la atravesamos con el único deseo de regresar al infierno que nos creó, y de habitar en el mismo junto a quien, en una ocasión, nos salvó de aquel infierno. Intentó preguntarse de dónde procedía esa absurda fidelidad al horror, pero descubrió que no tenía respuestas. Sólo comprendía que nada es más fuerte que ese instinto de volver donde nos desgarraron, y de seguir repitiendo ese instante años y años. Pensando tan sólo que quien nos salvó en una ocasión puede después hacerlo para siempre. En un largo infierno idéntico a aquel del que venimos. Pero, de pronto, clemente. Y sin sangre.
Sin sangre, ALESSANDRO BARICCO
... viviendo en el largo infierno ...
... Wendy still waits ...
1 comentario:
¿Esto lo dijo el mismo señor que escribió 'Seda'? Ya sabes, 'Seda', ese libro tedioso y sobrevalorado. ¿Ese señor dijo esta grandeza que muy acertadamente has destacado?
"Sólo comprendía que nada es más fuerte que ese instinto de volver donde nos desgarraron, y de seguir repitiendo ese instante años y años. Pensando tan sólo que quien nos salvó en una ocasión puede después hacerlo para siempre".
Pues un aplauso entonces. Me guardo la frase. Bravo.
Besísimos, mujer. Hemos de intercambiar opiniones de Amsterdam.
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