Hace semanas alguien que sabe del tema me contó algo sobre los cítricos y los injertos. Yo de esto sé más bien poquito, básicamente mi conocimiento se reduce a la degustación regular de naranjas y pomelos; y de injertos, casi me voy a quedar con los cutáneos.
Pues resulta que, si me he enterado bien, tú puedes injertarle una rama de limonero a un naranjo y, si prende, tendrás un naranjo con una rama que sigue dando limones.
Sí, así, a su bola, el limonero. Eso sí, mientras chupa cual sanguijuela la savia del pobre naranjito (???... momentazo regresión a 1982). Me pareció algo cruel, egoísta y un sinsentido; pero parece ser que debo ser la única que opina así, porque nadie se lo había planteado como una relación de lo más parásita. Que sí, que soy rarita, ya lo sabíais, ¿no?
Y no habría pasado nada si esa idea no se hubiese quedado ahí, rondando en mi cabeza, buscando encontrar una forma de expresión, la que sea. Y entonces voy y me da por ver esa película de George Clooney (¡oh!, ese hombre), o sea "Los descendientes". Y lo cierto es que no me ha gustado demasiado; y la idea de base, la historia central me parece sencillamente genial, simple, sencilla, humana, imperfecta y por tanto endiabladamente perfecta. Pero es que no termina de llegarme, el rollo empatía y eso... se me ha quedado muy superficial esta peli.
A ver, que me lío. A lo que yo iba era a que mientras veía la película de marras, empieza a tomar forma el injerto del cítrico parásito en mi cabeza. Y comienzo a ver la relación de pareja (en genérico, llámese matrimonio, noviazgo o sucedáneo) como un naranjo formado por mediasnaranjas que, si todo va bien (lo cual no deja de ser paradójicamente utópico, ya que cada vez estoy más convencida de que esto es imposible) solamente dará naranjas, jugosas naranjas de las que hacer zumo de fidelidad.
Pero, y aquí viene el tema injerto de cítricos, si una de las mediasnaranjas decide actuar por su cuenta y "cruzarse" con otros frutales, se convierte en una especie de limonero injertado en el naranjo. Agrio, chirriantemente agrio. Pero solo cuando lo percibes, o sea, cuando te enteras de que habías tenido una rama injertada, chupándote la savia, la energía, consumiendo unos recursos pactados con anterioridad para dos y que ahora han de repartir con el convidado secreto. Y total, ¿para qué? Para dar limones. Ni siquiera coopera a llenar la caja de naranjas jugosas, no. Va a su bola, haciendo limones sin que el resto del pobre naranjito (otra vez 1982) se entere. Hasta que ya es demasiado tarde.
Demasiado tarde. Cuando el naranjo descubre a su limonero parásito, solamente puede hacer dos cosas, a saber:
- Negarle la savia, la vida. Matarlo. Mola, ¿verdad? Así, en plan vengador. Lo malo es que solo lo puedes conseguir muriendo con él; una especie de homi-suicidio en pareja. Y ya, ni naranjas ni limones. Se acabaron los cítricos.
- O, no volver a mirar a tu rama de limonero, hacer como que no existe, y seguir adelante con la temporada. Estaría bien, pero las veces que se ha intentado siempre, invariablemente y sin saber el por qué, se produce un cambio. La rama injerto sigue dando limones (y a saber a quién...), pero las naranjas pasan de ser dulces y sabrosas a transformarse en secas y amargas naranjas, solo aptas para malas confituras de desayuno de hotel cutre.
Vaya usted a saber por qué los cítricos hacen estas cosas. Será que en el fondo se parecen mucho a los humanos.
... naranjas ...
... limones ...
... Hawaii...
... Wendy se queda con los pomelos... rosas ...
1 comentario:
jajajaja. Pelín cítrica te noto hoy.Los injertos son buenos ( del melocotón y la ciruela salió la nectarina), y en las plantas, hacer injertos ( rosales por ej.) ayuda a mejorar la clase.
Y ahora que lo pienso, a mi naranjo se le añadió un injerto de limón, yo me he vuelto ácida, no se pué ser perfecta. Pero guárdame el secreto. Que lo sabemos tú y yo. Besos guapa.
Cuídate.
Ciao.
;-P
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