Estoy cansada.
Hay días en los que, de poder elegir, optaría por quedarme en la cama, por no levantarme, por vegetar, sencillamente. "Quiero ser una coliflor", pensé esta mañana. Pero no fue al despertarme, ni siquiera al contacto con el agua de la ducha a esos tonificantes 24ºC (que sí, que la culpa es mía, que la pongo así de fría porque quiero y puedo), no. Fue al llegar al trabajo, tarde, como siempre últimamente; y ver que allí me esperaban más papeles, más gentes, más trabajos atrasados, adelantados o todavía por llegar. Y sí, ya lo sé, tengo suerte de tener un trabajo que me gustaba, de que sea fijo (¿fijo?), y que me paguen por llevarlo a cabo.
No se trata de eso. Es algo mucho más profundo, global. Esencial. Se trata de la eterna sensación de no llegar a nada, de trabajar sin horario ni calendario para total no conseguir jamás estar al día; se trata de que no es justo para maridos, hijos, padres, amigos, compañeros (JUAS, JUAS!!, permitidme que me carcajee así, en mayúsculas, solo por esta vez... andaporfaaaaaa), y demás pandilla vital. Pero sobretodo, no es justo para mí. Porque cuando se quiere llegar a todo, lo único que se consigue es vivir casialcanzando, cuando todo se precisa abarcar, no se consigue apretar nada; cuando nadie más hace las cosas, llega un día en que ya ni tú puedes hacerlas, porque tú te has puesto enferma. Again. Y eso no puede pasar. No debe pasar. No quiero que pase.
Y me fijo ahora, releyendo, que antes he catalogado erróneamente mi trabajo como fijo. No, es indefinido. Pero no por la duración. La definición exacta de mi trabajo es INDEFINIDO. Y paso a explicarlo. Se supone que mi trabajo es de mando intermedio (o sea, recibes hostias de arriba y abajo, básicamente), pero en realidad soy médico, jurista, perito judicial, administrativo, contable, relaciones públicas, coordinadora (juas, juas... que me parto el pecho, pero esta vez con minúsculas), celadora, comercial, chófer, enfermera (uysss, DUE, que no se sienta nadie ofendido/a), diplomática, técnico de rayos, informática, redactora y editora, profesora y expertaensabeDiosquememeces. Ahí es nada.
Más indefinido que eso, es difícil, ¿no? Pues aún lo mejoro, porque es indefinido en situación, mi puesto de trabajo está en cuatro localizaciones diferentes separadas entre ellas por 16 km, 95 km, y 110 km; por no hablar de cuando me tiro meses viviendo a semanas en algún hotel cambiante de _ _ _ _ _ _ _ _ _ (¡oh!, esa ciudad) mientras atiendo al resto de mis quehaceres a distancia telefónica, que para eso tengo el perfecto instrumento de esclavitud del siglo XXI: la BlackBerry.
O cuando voy de gira formativa por esas tierras de nuestra afamada piel de toro, en cómodos viajes en Talgo vs Trenhotel de 12 horas. Y sí, diréis que por qué me quejo, si hago turismo gratis. Efectivamente, me lo habéis quitado de la boca.
E indefinido en horario, no nos olvidemos. Porque no sé cuando entro ni cuando salgo. En realidad es que ni entro ni salgo, vivo en, sobre, bajo, desde, de, entre, al, hacia, hasta y por el trabajo. Trabajo en la oficina, en la consulta, en varias ciudades, en mi casa, en el súper, en la playa, en el coche. Trabajo, trabajo, trabajo que nunca está hecho del todo, que siempre es más gorda la lista de cosas pendientes que la de despendientes....
Que estoy cansada. Ya os avisé. Harta. Agotada. Exhausta. Casi inánime.Y todo ¿por?, ¿para?. Un sueldo bueno ma non troppo que no está compensado ni me compensa a cambio (hace ya mucho, demasiado que no me compensa), y un montón de piropos y palmaditas en la espalda (que ya está bien, que ya tengo callo, por Dios). Y ya.
Y luego hubo alguien la semana pasada que me preguntó que cómo era eso de que yo escribía, que por qué escribía. ¿Por qué?
Porque hoy por hoy, y si dejamos a un lado la familia, amores y afectos, es lo único que me hace sentir viva, alguien, algo, que todo o al menos un poco de esto vale la pena. Porque cuando me siento delante del teclado mis dedos vuelan solos, vomitando (perdón) lo que mi cabeza desaprendió a no expresar de otra forma. Porque es lo que siempre he querido hacer. Porque es lo que siempre he hecho. Porque lo aprendí sola. Porque lo primero que quise ser con 4 años fue Premio Nobel de Literatura (sí, efectivamente, apuntaba demasiado alto). Porque hay cosas que si no las escribo, no las entiendo, no las comprendo, no las asumo, no las veo. Porque al escribir, lo ordeno todo, porque parece todo menos grave, porque me ayuda a llorar para desahogarme mis ahogos. Porque es lo único que consigue que sienta que esto que tengo dentro del pecho es más grande que yo misma.
Que por qué escribo. Porque sí, porque me gusta. Y porque me da la gana. Y porque puedo y sé hacerlo.
Y sí, es una reivindicación, o lo que sea, que me da lo mismo.Ya os avisé al principio. Estoy cansada.
Así que nadie se haga el sorprendido si algún día de estos compra un libro y resulta que le suena lo que lee. Porque a partir de ahora, lo mismo escribo menos aquí y más en un pendrive que hace dos años que me acompaña. Y lo mismo el pendrive se termina convirtiendo en otra cosa (como la Cenicienta). Que yo soy muy terca, y los retos... los retos me pierden.
O lo mismo no.
Yo qué sé. Que da igual. Que ya os lo dije: Estoy cansada.
... y esta vez, y sin que sirva de precedente ...
... Wendy decidió que no habría música ...
... estaba demasiado cansada para buscarla ...
... hasta NuncaJamás ...
... y FIN ...
4 comentarios:
Yo no puedo decir again lo ya dicho porque, como dijera el maestro, suelo decir lo que pienso sin pensar lo que digo. Y por si ello fuera poco, mis ideas llevan el ritmo de las aguas del río de Heráclito.
Así que, hoy, digo lo siguiente: a medida que voy cumpliendo lustros estoy cada vez más convencido que la vida es demasiado corta como para tomarla en serio. O dicho de otra manera, todo lo que no nos hace felices, es lastre que hemos de soltar si queremos volar. Ahora bien, como todo es susceptible de empeorar, a la hora de medir hay que asumir los riesgos.
Y nada más. Este post tuyo da más para unas copas que para un comantario. Pero ya ves, soy adicto a la reincidencia.
Pues ya está usté pasándome el nombre de ese tal pendrive....No tarde. Editorial porfaplissssss?
Besos. Y deja de arrejuntarte con gente rara.
Besos.
Cuídate
Y descansa!
Ciao.
Heidi.
;-P
Totalmente de acuerdo con todo el texto incluso con los comentarios pero en total desacuerdo de no adornarlo con música. La vida es dura y aqui estamos para que no nos la amarguen...
Aqui va el link de la canción tu canción
http://www.youtube.com/watch?v=H_AQ0Y8vSjU
Un musical de los de antes pero actual, lo tiene todo incluso final triste indicado para el otoño xD
Que sea la ultima vez que no nos regalas algo para los oidos, ánimo y al toro de la literatura y deja un poco que te definan los demás tu trabajo xD
Tal y como lo cuentas, tu trabajo parece que da mucho asco. ¡Ánimo, Wendy, no desfallezcas!
Por lo demás, para ser premio Nobel de Literatura es imprescindible tener un apellido raro de cohoné. Ayuda el proceder de un país de la antigua URSS, contar con alguna minusvalía física o psíquica o, por supuesto, haber escrito algún pestiño, o dos, o cien.
Estás a tiempo. Uno de los requisitos más-importantes-Ever es ser viejo/a.
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