En realidad solo era una niña. Por más que lo intentara, por más esfuerzos que realizara y por más inhumanos que pudieran llegar a ser. Solo era una niña.
Siempre había sido así. Escondida, oculta bajo capas y capas de cebolla fabricadas con indiferencia, crueldad, soledad y miedo a partes iguales. Era, había sido una pequeña niña miedosa, terriblemente miedosa, aleatoriamente miedosa; y todo el mundo se había quedado ahí, en la superficie. Todos le preguntaban "¿De qué tienes miedo?". Y ella solo decía: "No lo sé". Y era cierto. Pero nadie, nunca, había hecho la pregunta para la cual ella tenía la respuesta, aquella pregunta que estuvo esperando toda su vida, que todavía esperaba, la que nadie nunca formuló. "¿A quién temes? ¿Por qué tienes miedo?".
Y así se había quedado. Una más de sus rarezas. Los miedos, las pesadillas, la preocupación inexplicable, la responsabilidad hipertrófica que engullió su capacidad de vivir, las manías, los rituales obsesivos que la mantenían ocupada impidiéndole pensar, prohibiéndole recordar. Sí, así se había quedado.
SOLA
Qué pronto se tuvo que dar cuenta de que estaba sola. Tres años debía tener. Cuatro máximo. En realidad solo era una niña. Una niña asustada, aterrada. Sola. Y tuvo que crecer, pero no hacia afuera. Creció hacia dentro, creando un mundo de imaginación e ilusión que solamente salía hacia fuera en forma de letras escritas (cuando aprendió a escribir, claro... puede que por eso aprendiera tan temprano).
Aprendió a jugar. Sola.
Aprendió a imaginar. Sola.
Aprendió a leer. Sola.
Aprendió a pelear. Sola.
Aprendió a cuidarse. Sola.
Aprendió a protegerse. Sola.
Aprendió a esconderse. Sola.
Aprendió a escaparse. Sola.
Aprendió a escabullirse, a zafarse. Sola.
Aprendió a vigilarle. Sola.
Aprendió a crecer. Sola.
Aprendió a llorar. Sola.
Aprendió a aprender. Sola.
Lo único que recordaba haber deseado siempre, cuando era niña, era hacerse mayor. Lo repetía una y otra vez: "cuando sea mayor seré... haré... dejaré de... diré...". Y no se daba cuenta de que YA era mayor. No le había quedado otra opción que convertirse en un adulto en un cuerpo de niña.
Y así creció. Mayor siendo niña queriendo ser mayor. Y sola.
...En realidad solo era una niña. A pesar de tener ya casi 40 años. A pesar de ser madre, esposa, amante, amiga, amarilla.
Necesitó multiplicar por 10 su edad para mirarse al espejo de la realidad, de la cruda verdad, y encontrarse cara a cara con la niña aterrada que llevaba casi 36 años viviendo dentro de aquel mundo que creó en su cuerpo de mujer (sí, con chichas, con curvas más o menos erróneas, pero de mujer al fin y al cabo). Necesitó haber estado al borde del morir-matarse para mirarse a los ojos y verse acurrucada, llorando, temblando del frío que solo el miedo da, sintiéndose romper por dentro como si estuviera hecha de cristal, escondida de todos y de todo, invisible para todos, deseando desaparecer. Sola.
Solo quería que la cuidaran, que alguien se diese cuenta y la protegiera. Quizás por eso se fabricó ángeles guardianes, custodios protectores, caballeros andantes, reales o no, que eso es lo de menos. Quizás por eso tardó 32 años en dejarle partir definitivamente, en crecer por fuera hasta encajar en la que había crecido a fuerza de terror dentro de sí. Puede ser.
En realidad siempre había sido una niña. Y en realidad nunca había querido ser otra cosa, por eso se vestía como una niña, por eso jugaba con muñecas, por eso desayunaba Nesquick con magdalenas, por eso dormía con pijama, tenía batadecasa, andaba descalza, compraba diademas, comía gominolas a escondidas, escribía cuentos y coleccionaba pisapapeles. Por eso seguía creyendo en las hadas. Por eso consiguió saber que cualquier cosa es posible si la deseas con mucha fuerza, que muchos la quisieran por cómo y no qué era; por eso le pedían consejos. Por eso recuperó la luz y continuó brillando como solo ella sabía hacer.
Pero ahora sabía que en realidad siempre había sido una mujer también.
Por eso se vestía de negroyblanco. Por eso solo se pintaba las uñas de negro-gris-marino-chocolate-verdeoscuro. Por eso emborronaba de negro su mirada miel. Por eso podía ser cruel con quien le había lastimado. Por eso le gustaba pasar desapercibida. Por eso no malgastaba su vida con quien no la iluminaba. Por eso cuidaba, aconsejaba y ayudaba mejor que muchoscasitodos.
En realidad siempre había sido una niña dentro de una mujer dentro de una niña.
En realidad siempre había estado sola.
... en realidad siempre había sido ella ...
... Wendy ...
1 comentario:
Ser siempre una niña mola. Mola si damos por hecho que eso implica conservar la esencia, lo más sagrado, lo auténtico, como decía una vecina mía que estudió Filosofía y ahora pide limosna en Londres.
Lo bueno de los esmaltes de uñas es que te los arrancas con la boca.
Saberlo no nos exime de llorar.
Aunque podría ser peor: podría ser el cantante de Tennesse.
http://www.youtube.com/watch?v=yh38vsG3Y5k
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