Cristal: "Sólido cuya estructura atómica está ordenada de forma periódica en las tres direcciones del espacio, es decir, que está formado por la repetición de un motivo siempre idéntico de átomos, iones o moléculas. Exceptuando el vidrio y las sustancias amorfas, toda la materia sólida se encuentra en estado cristalino."

Amapola: "Papaver rhoeas. Planta anual de la familia de las Papaveráceas, con flores rojas por lo común y semilla negruzca, tallo velloso con propiedades venenosas. Frecuentemente nace en los sembrados y los infesta. Es sudorífica y algo calmante. No se puede utilizar como ornamento debido a que sus pétalos se marchitan con facilidad."

lunes, 24 de enero de 2011

Robados/Posados IV



Hasta que lo acusaron del crimen del silencio no descubrió Isaac Babel cuántas clases de silencio hay. Cuando oía música, ya no escuchaba las notas sino los silencios entre nota y nota. Cuando leía un libro, se entregaba a las comas y los punto y comas, al espacio que sigue al punto y al que precede a la mayúscula de la frase siguiente. En una habitación, descubría los lugares en que se recoge el silencio, los pliegues de los cortinajes, las fuentes hondas de la vajilla de plata. Cuando se hablaba de él, oía más lo que se callaba que lo que se decía. Aprendió a descifrar el significado de ciertos silencios, que es como resolver un caso difícil sin pistas, sólo por intuición. Y nadie podía acusarlo de no ser prolífico en el oficio elegido. Cada día producía epopeyas enteras de silencio. Al principio era difícil. Imagina el suplicio de guardar silencio cuando tu hijo te pregunta si Dios existe, o tu amada te pregunta si tú también la amas. Al principio, Babel ansiaba poder usar sólo dos palabras: sí y no. Pero sabía que una sola palabra que pronunciara cortaría el frágil fluido del silencio.
Incluso cuando lo arrestaron y quemaron todos sus manuscritos, que eran páginas en blanco, él se negó a hablar. Ni un gemido salió de su garganta cuando le dieron un golpe en la cabeza y una patada en la entrepierna. Hasta el último momento, ya  frente al pelotón, no concibió el escritor Babel súbitamente la posibilidad de haberse equivocado. Cuando los rifles le apuntaron al pecho, se preguntó si lo que él había tomado por la riqueza del silencio no sería en realidad la pobreza de no ser oído. Él pensaba que las posibilidades del silencio humano eran infinitas. Pero en el momento en que las balas partían de los rifles, la verdad le taladró el cuerpo. Y una pequeña parte de él rió con amargura porque, en cualquier caso, cómo había podido olvidar  algo que había sabido siempre: no hay nada que pueda compararse con el silencio de Dios.

La Historia Del Amor, NICOLE KRAUSS


... NO me gusta cuando callas, porque pareces como ausente ...

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