>> Es posible que la primera mujer fuera Eva, pero la primera muchacha siempre será Alma. Quizá la primera vez que la viste tenías diez años. Ella estaba de pie al sol, rascándose una pierna. O escribiendo en la tierra con un palo. Alguien le tiraba del pelo. O ella le tiraba del pelo a alguien. Y una parte de ti se sintió atraída y otra parte se resistía, porque quería irse en la bicicleta, dar una patada a una piedra o evitarse complicaciones. En el mismo momento, percibiste en ti la fuerza de un hombre y también una autocompasión que hizo que te sintieras pequeño y dolorido. Una parte de ti pensaba: No me mires, por favor. Si no me miras, aún podré dar media vuelta. Y una parte de ti pensaba: Mírame.
>> Si recuerdas la primera vez que viste a Alma recordarás también la última. Ella negaba con la cabeza. O se alejaba por un campo. O desde tu ventana. "¡Vuelve, Alma!", gritabas. "¡Vuelve! ¡Vuelve!?"
>> Pero ella no volvió.
>> Y aunque entonces ya eras mayor, te sentías como un niño perdido. Y aunque tu orgullo estaba herido, te sentías tan grande como tu amor por ella. Se había ido, y lo único que quedaba era el espacio en que habías crecido en torno a ella, rodeándola, como crece un árbol rodeando una cerca.
>> Aquel espacio estuvo vacío mucho tiempo. Quizá años. Y cuando al fin volvió a llenarse, tú sabías que el nuevo amor que sentías por una mujer hubiera sido imposible sin Alma. De no ser por ella, nunca hubieras tenido ese espacio vacío ni sentido la necesidad de llenarlo.
>> Claro que también hay casos en los que el chico se niega a dejar de gritar el nombre de Alma con todas sus fuerzas. Se declara en huelga de hambre. Suplica. Llena un libro con su amor. Porfía hasta que ella no tiene más remedio que volver. Cada vez que trata de irse, porque sabe que es lo que tiene que hacer, él se lo impide, suplicándole como un idiota. Así pues, ella siempre vuelve, por muchas veces que se vaya y por lejos que llegue, y aparece a su espalda, sin hacer ruido, y le tapa los ojos con las manos, malogrando lo que él pudiera haber conocido después de ella.
"La Historia del Amor", NICOLE KRAUSS
Nunca diste las gracias.
Y en el fondo, sé que por lejos que hayas ido, por mucho tiempo que no estés, llegará el día en que necesites hacerlo.
Y sin embargo.
1 comentario:
Al leer esto...
"Cada vez que trata de irse, porque sabe que es lo que tiene que hacer, él se lo impide, suplicándole como un idiota. Así pues, ella siempre vuelve, por muchas veces que se vaya y por lejos que llegue, y aparece a su espalda, sin hacer ruido, y le tapa los ojos con las manos, malogrando lo que él pudiera haber conocido después de ella".
... vuelvo a pensar eso tan tópico:
Mierda, otra vez una historia hablando de mí.
(Demasiadas amapolas. Pero bravo. En realidad, nunca hay demasiadas amapolas. Un abrazo sin lingüística)
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