Esta debe ser la semana más tonta de todo el año, y sin embargo la más llena. Llena de pensamientos, de reflexiones, de buenos propósitos, de malos recuerdos, de enmiendas, correcciones, ilusiones y todo lo contrario.
Es en esta semana, entre Navidad y Nochevieja, cuando se produce lo que yo llamo el paréntesis navideño; para mí, la Navidad comienza el 24 de Diciembre, se para el 25 y comienza de nuevo el 2 de Enero para morir definitivamente el 6. Huyendo junto con los Reyes Magos y su séquito; arrugada, aplastada y mojada, igual que todos esos papeles de regalo que poblarán los alrededores de nuestros contenedores atestados de basura consumista.
La gente ya no regala, solo compran regalos. Y no es lo mismo, de hecho, no tiene nada que ver. Hay que saber hacer regalos para entenderlo, y eso es un arte. Dedicar tiempo, pensar, pensar, pensar hasta encontrar la idea, adornarla, y todo con mucho cuidado, ya que en cada regalo estamos regalando un trocito de nosotros. Pero la gente ya no hace esto, igual que lo de escribir Xmas cards. Ya nadie lo hace, ni siquiera quien dice hacerlo (mentira, mentira, mentira). Todos envían odiosos y superficiales SMS masivos a todos sus contactos de la agenda por igual; es más rápido y se gasta menos, ¡dejémonos de ñoñerías!
La gente ya no regala, solo compran regalos. Y no es lo mismo, de hecho, no tiene nada que ver. Hay que saber hacer regalos para entenderlo, y eso es un arte. Dedicar tiempo, pensar, pensar, pensar hasta encontrar la idea, adornarla, y todo con mucho cuidado, ya que en cada regalo estamos regalando un trocito de nosotros. Pero la gente ya no hace esto, igual que lo de escribir Xmas cards. Ya nadie lo hace, ni siquiera quien dice hacerlo (mentira, mentira, mentira). Todos envían odiosos y superficiales SMS masivos a todos sus contactos de la agenda por igual; es más rápido y se gasta menos, ¡dejémonos de ñoñerías!
La Navidad ya se acabó. Y si continúa, es solamente porque existen los niños. El día que no haya niños, dejará de haber Navidad... y todos seremos Mr. Scruch. Aunque ya ahora hay muchos Scruch's por ahí; yo misma puedo enorgullecerme de ser amiga (¿o no?) de varios de ellos.
Supongo que la Navidad deslumbra demasiado, brilla tanto, arroja tanta luz a sus vidas que les obliga a mirarse de frente en el espejo, y les muestra lo que durante el resto del año se niegan a ver de sí mismos: la soledad, la tristeza, y la angustia de quien no tiene nada que celebrar, de quien perdió a su niño/a interior o lo mantiene simplemente asfixiado, oculto en un zulo de su alma. Supongo que deberían ser dignos de lástima, pero también supongo que deberían esforzarse un poquito en no amargar a quien sí se esfuerza por brillar en estos días, que igual no estaría mal que dejaran de esparcir su oscuridad, que evitasen contagiar la soledad que inunda sus vidas a quien sí quiere estar acompañado, o a quien podría acompañarles si ellos/as quisieran.
Supongo que la Navidad deslumbra demasiado, brilla tanto, arroja tanta luz a sus vidas que les obliga a mirarse de frente en el espejo, y les muestra lo que durante el resto del año se niegan a ver de sí mismos: la soledad, la tristeza, y la angustia de quien no tiene nada que celebrar, de quien perdió a su niño/a interior o lo mantiene simplemente asfixiado, oculto en un zulo de su alma. Supongo que deberían ser dignos de lástima, pero también supongo que deberían esforzarse un poquito en no amargar a quien sí se esfuerza por brillar en estos días, que igual no estaría mal que dejaran de esparcir su oscuridad, que evitasen contagiar la soledad que inunda sus vidas a quien sí quiere estar acompañado, o a quien podría acompañarles si ellos/as quisieran.
Es solo una cuestión de optimismo. O de idiotez. O de ambas cosas... ¿qué más dará ya, a estas alturas de la película?
A lo que yo iba, que me pierdo entre tanta divagación tristona, o cabreada... o ambas. Que decía yo que esta es la semana de hacer recuento de tragedias, disgustos, alegrías, buenas y malas noticias, mejores y peores intenciones, ilusiones y decepciones. Total, de reflexionar acerca de las lecciones que hemos aprendido a lo largo del año y de cómo las aplicaremos para que el año venidero sea un poquito mejor, o al menos que no empeore.
La TV nos torturará con imágenes de archivo y noticias resesas, las revistas nos tentarán con el look más chic para Fin de Año y la falsa promesa de nuestro futuro en forma de horóscopo para el 2011 (a mí no me hace falta leerlo, ya sé lo que el 2011 me depara: dudas, dudas y más dudas... y espero que no se conviertan en deudas, deudas y más deudas) y nuestras familias se volverán locas comprando unas uvas de pésima calidad y las cutre-bolsas de cotillón (que ya puestos podrían cambiarle el nombre por el de cutrillón, y sigo con los neologismos).
Yo, como no podía ser de otra forma, os aplicaré mi tortura particular, que no es otra que hacer un extraño balance del año que termina. Así que, ya sabéis, si no queréis seguir, cerrad ahora y olvidaos de mí y de mi circunstancia cada vez más demente. Si os atrevéis, podréis descubrir lo que se esconde tras cada mes.
1. ENERO
Primera caída tras levantarme del galletazo del Agosto anterior. Soy plenamente consciente de que esto va a ser más complicado de lo que parecía.
2. FEBRERO
Montaña rusa. Quien la ha sufrido conmigo sabrá a qué me refiero. Quería que se acabara el invierno, y no sabía que le quedaban dos telediarios.
9. SEPTIEMBRE
10. OCTUBRE
11. NOVIEMBRE
Lluvia. Recaída. Lágrimas. Decepción, amarga derrota. Darme cuenta de que no debo pensar que todo el mundo comparte mis valores, de hecho, casi nadie lo hace.
12. DICIEMBRE
Navidad. Silencio. Dolor. Desconcierto. Luz. Tranquilidad interior, refugio, casi paz. Y todo está iluminado otra vez.
Alguien a quien quiero (quizás demasiado, si es que eso es posible) me dijo una vez que es mejor no esperar nada de nadie, y creo que mi único propósito para el año nuevo será intentarlo... a ver si lo consigo.
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