Un día. Como cualquier otro.
No supo nunca por qué, pero se dedicó a observarlo, a analizarlo, examinando cada uno de sus gestos, interpretando cada una de las ausencias de los mismos.
Lo miró como se mira un cuadro, intentando descubrir en cada detalle una intención, un secreto, una técnica para mostrar u ocultar algo. Lo que sea.
No sabría precisar cuánto tiempo perdió en ello. Sí llegó a saber cuánto perdió tras aquella tediosa tarea. Tan estúpida y tediosa como cualquier otra. Como cuando dedicaba tardes enteras a mirar por la ventana e inventar historias para cada persona que pasaba por ella, como si fuera un cine imaginario; a transformar en personajes a simples personas.
Una vez había leído en alguna parte algo sobre una enferma mental que vivía ante la ventana de su casa, día y noche, haciéndose la ilusión de que viajaba en tren. Tan estúpida como ella, puede que igual de enferma. También.
Lo observó como un científico a un insecto raro y extraordinario.
Y se dijo:
- ¿Quién es este hombre?
En ese momento se dio cuenta de que ya no lo conocía. Ni siquiera lo reconocía. Parecía igual, pero distinto. Idéntico, pero vacío. Como una víctima de esas arañas que muerden al incauto y aspiran, sorben todos los jugos y órganos de su cuerpo, dejándolos iguales, pero vacíos. Idénticos, solo que muertos.
¿Había sido acaso ella la araña? Otra pregunta más a engordar la lista de aquellas a las que jamás encontraría respuesta.
Se percató de que ya no había nada. Nadie de quién había sido. Ninguno de los que habían sido durante y hacía tantos años.
Igual que dos rocas, los habían desgastado el tiempo, el viento, la lluvia, el mar y los cambios de temperatura -en ocasiones tan drásticos: frío, calor, frío, calor-, hasta convertirlos en algo que ya no eran.
Se dirigió al dormitorio. De repente le dolía la cabeza. Estaba tan cansada, agotada. De camino paró en el baño, de forma automática se desmaquilló, borrando la máscara diaria de felicidad supuesta, y con ella las obligaciones externas de la vida adulta aceptable. Fue entonces cuando mirando a su reflejo, se preguntó:
- ¿Quién es esa mujer?
... I think I'm moving but I go nowhere...
... I've become what I can't be ...
... can you see what I see? ...
2 comentarios:
Me dejas con la boca abierta. Sí. Y no por embobe que a estas alturas de semana lo mismo...Lo digo por el vuelco que da el texto en las últimas frases.
El café previo a las horas de charla, corre a mi cargo.
Besos Niña.
Cuídate ( Y esto sonará a madre, seguro, pero o lo digo o no duermo: abrígate.)
;-P
Ciao
Este final deja la puerta abierta para que puedan redescubrirae; encontrarse en ese mismo baño como dos extraños y volver a empezar.
Un abrazo.
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