Cristal: "Sólido cuya estructura atómica está ordenada de forma periódica en las tres direcciones del espacio, es decir, que está formado por la repetición de un motivo siempre idéntico de átomos, iones o moléculas. Exceptuando el vidrio y las sustancias amorfas, toda la materia sólida se encuentra en estado cristalino."

Amapola: "Papaver rhoeas. Planta anual de la familia de las Papaveráceas, con flores rojas por lo común y semilla negruzca, tallo velloso con propiedades venenosas. Frecuentemente nace en los sembrados y los infesta. Es sudorífica y algo calmante. No se puede utilizar como ornamento debido a que sus pétalos se marchitan con facilidad."

jueves, 22 de septiembre de 2011

El futuro en una caja, o cómo volar sobre unas zapatillas blancas

Mi padre dice que me pusieron este nombre por mi madre. Cuando yo nací, ella tenía tanto miedo a perderme, a que me perdiese por el camino -como ya habían hecho antes mis dos hermanos mayores-, que no dejó más opción que este nombre. Dice mi padre que ella aseguraba que este nombre me protegería en el camino, y con él siempre sabría volver a casa.
Tengo 8 años y mi vida es correr. Mi padre dice que no aprendí a caminar, sino a correr. Él lo dice siempre riéndose (y no es que se ría mucho, os lo aseguro), pero a mí no me resulta gracioso. Antes caminaba, así que sé hacerlo, pero ya casi ni lo recuerdo. A los seis años mi padre me apuntó en la escuela de Kitale, él dice que ahí está mi futuro, que debo crecer, aunque yo creo que crecería igual quedándome en casa, como mi amigo Morani, o mis hermanas. Así que hace dos años que mi vida empezó a correr.
Para ir a la escuela tengo que correr 40 kilómetros cada día, excepto en la época de las lluvias, que me quedo en casa ayudando y es genial. Corro porque si camino, no llego a tiempo. Y corro porque tengo miedo. Mi padre dice que mis dos hermanos se perdieron en ese camino, pero nadie sabe qué ocurrió en realidad, solo que nunca llegaron a casa. Pero mi padre nunca quiere hablar de eso.
Aquí, en el pueblo, la gente dice que mi madre se murió de tristeza por eso. Pero Morani dice que yo me quedé con su vida al nacer, porque se murió ese mismo día.
Morani sabe cazar, yo no. Pero cuando por la tarde voy con él al pozo a por agua, yo corro mucho más rápido que él, y eso que él es mayor que yo. Puede que por eso diga mi padre que yo tengo un futuro y Morani no.
En mi casa hay una caja. Es una caja de lata, ni muy pequeña ni muy grande, que en algún momento de su vida supongo que hizo de continente de algo, yo qué sé: galletas, té, caramelos... en este continente eso es lo de menos. Dice mi padre que hay lugares en el mundo en los que esas cosas son muy importantes... lo superfluo, le llama él, y luego siempre dice que ojalá algún día podamos preocuparnos también por lo superfluo, aunque no tengo muy claro qué es eso.
No sé muy bien qué guarda mi padre en esa caja, pero debe ser algo muy importante (puede que sea lo superfluo) porque un día mi hermana la cogió y, aparte de un castigo, no hemos vuelto a ver la caja. Mi padre trabaja mucho, en una fábrica, cuando hay trabajo. A veces está enfermo, y la abuela le regaña mucho. Cuando yo estoy enfermo mi padre no me regaña. Una vez le ví llorar, era de noche, y tenía la caja en sus manos; quizás guarde en ella las lágrimas de toda su vida. ¿Por qué haría algo así?
Mi padre come muy poco, y no es que nosotros comamos mucho, pero él come mucho menos que mis hermanas, y no creo que eso esté bien. El que más come soy yo, dice mi padre que es porque tengo que correr.
A veces sueño por las noches que sigo corriendo. Y siento cada paso, cada pisada, veo como se levanta el polvo amarillo del camino, dejando una huella descalza detrás de mí, y otra, y otra más. Cada vez más rápido. Pero a veces sueño que no corro descalzo. Sueño que tengo unas zapatillas que una vez vi en un anuncio en Kisumu, cuando mi padre nos llevó al Lago Victoria (nunca había visto tanta agua junta en mi vida). Eran maravillosas, limpias, nuevas, blancas; con un símbolo en el lateral, como un ala. Y pienso que esas alas me llevarían volando en vez de correr. Cuando se lo dije a mi padre, me contestó que si seguía corriendo descalzo, en el futuro tendría varias como esas. Ojalá tenga razón. Yo sigo corriendo.
...
Me llamo Kariuki. Tengo 32 años según mi madre. Mi esposa murió de parto hace 8 años. Tengo tres hijos, dos mujeres y un hombre. Las chicas se ocupan de la casa, yo no sé ocuparme de ellas. La echo de menos. Trabajo en una fábrica cuando el capataz viene al poblado a buscar hombres para trabajar. Cuando no viene el camión, trabajo en el poblado, cazo y arreglo la casa. Mi madre todavía me cuida, o lo intenta.
Los números me persiguen; cuando era pequeño, fui tres años a la escuela de Kitale, luego lo dejé, no me gustaba correr, y aprendí a contar un poco. Los mejores meses tengo 120 dólares, entre cuatro, 30 dólares... entre 30 días del mes, 1 dólar para cada uno por día. Y eso los mejores meses. Intento comer menos, gastar menos, porque mi hijo necesita que yo guarde dinero para él. Porque él puede tener un futuro. Porque él corre.
Sueña con tener unas zapatillas americanas. Algún día, cuando se marche a Eldoret, o a Nairobi, o a Mombasa, se las compraré. Con ellas volará, ya casi lo hace descalzo.
Tengo una caja de hojalata. La guardaba mi esposa desde niña, la caja de los sueños, la llamaba. Ahí guardo el dinero que puedo ir juntando. Ya tengo casi 200 dólares. Cuando mi hijo crezca, ese dinero será suyo. Es su futuro. Y yo podré morir tranquilo y feliz. Quiero que se vaya de este mundo, que vuele a otro mundo, en el que pueda preocuparse por cosas que no sean si hoy comerá, o si las lluvias se llevarán la casa, o si habrá agua en el pozo o tendrá que correr aún más kilómetros.
...
Me llamo Gacoki. Tengo 8 años. Mi padre dice que me pusieron ese nombre por mi madre. Significa "aquél que siempre regresa". Mi vida es correr. Mi futuro es correr, o eso dice mi padre. Pero también dice que mi futuro está guardado en una caja de lata llena de lágrimas.
Tengo 8 años, soy keniata, y yo solo quiero volar con unas zapatillas blancas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

...WENDY...UNA HISTORIA PRECIOSA...ESAS CAJAS LLENAS DE SUEÑOS...GRACIAS POR SER ASÍ...ABRIR LOS OJOS A TODOS LOS MUNDOS..A TODAS ESAS VIDAS PARALELAS QUE TAMBIÉN QUIEREN UN FUTURO.. :)

Pedro Sánchez Negreira dijo...

Estaba convencido de haberte dejado un comentario a este relato. ¿No lo hice? Vamos, que si me fuera la vida en ello, juraría que sí. Aunque igual lo leí, dejé mi comentario para hacertelo en el ordenador y se me fue de la memoria.

En cualquier caso, repetiré lo que me quedó en la primera lectura.

Es un relato estupendo y pegado a la realidad dura, aspera y conmovedora.

Lo he disfrutado mucho, Wendy.

Un abrazo.