Valentina se aburría. Menudo rollo, siempre le tocaba estar enferma cuando menos convenía, o sea, la mejor primavera que podía recordar en muchos años. Y allí estaba ella, en la cama, mal arropada (porque nadie se acordaba nunca de arroparla bien), tirada, arrugada, mojada como aquel kleenexllenodemocos que le hacía de triste compañía aquella soleada tarde de sábado.
Valentina se aburría. Y en aquellos autolamentos (muy suyos, por otra parte) andaba ella cuando se le ocurrió que quizás, otra persona, en su misma situación, haría algo diferente. Y se puso a pensar en todas aquellas personitas que formaban parte de ella misma.
Estaba Wendy. ¡Ay!, Wendy era adorable, siempre sonriente, tan inocente, tan ilusa, tan obtusa podía llegar a ser... siempre montadita en su nubedeazúcar, masticando conguitos y corazonesdemelocotón. Pero era tan de color de rosa. Seguro que Wendy estaría haciendo pompas con sus propios mocos y pajaritas, y corazones, y barquitos y conejitos de origami con los kleenex. Sonriendo a pesar de encontrarse mal, ocupándose de los que sin duda están mejor que ella, animando a todos y diciendo: "Mira que sol tan bonito... seguro que esto es alergia, no un catarro, y mañana ya estoy mucho mejor... ven, preparemos zumo de naranja y fresas con pomelo rosa... ¡uy!, aquella nube parece el barco de Garfio, ¿no crees?". Wendy era así. Empeñada en ver solo la cara buena del mundo, convencida de que, con la influencia adecuada, incluso el niño más perdido puede transformarse en el mejor Peter Pan.
Luego está Bárbara... que casi da miedo. Ese mismo miedo que ella no le tiene a nada ni a nadie. Permanentemente seria, casi cabreada con todos. Es fuerte, dura, arisca, valiente... fría. Su corazón de heló hace mucho tiempo a fuerza de puñaladas. Es cínica, se burla de todo y de todos, para ella nada importa. Incluso a Valentina le asusta Bárbara, y eso que ella está convencida de que Bárbara, en el fondo y aunque sea incapaz de demostrarlo, solo vive para protegerlas a ella y a Wendy. De todas formas es mucho mejor no juntar a Bárbara y a Wendy... lo único que se consigue es que Bárbara termine insultando y burlándose de la pobre Wendy; llamándole boba, estúpida pusilánime y lindeces del estilo. Y Wendy acabaría llorando, como casisiempre. Bárbara no se enferma, y si tiene mocos, está expulsando la infección; y si no es capaz de respirar por la congestión, es que se está entrenando para bucear en apnea; y si tiene fiebre, es solo que está luchando para fortalecer su sistema inmune. Bárbara haría como que nada de eso está sucediendo y seguiría adelante, usando un afilado sarcasmo para abrirse paso, sin mirar atrás. NuncaJamás. Siempre en línea recta... lo que todavía nadie sabe es a dónde, puede que ni siquiera ella.
Después tenemos a Martina. Toda cuadrícula y esquemas. Se lleva de miedo con Bárbara, de hecho hacen un equipo formidable. Para Martina el mundo es un algoritmo, el tiempo una agenda atestada de notas, y la vida un eterno transcurrir de tareas ceñidas a procedimientos sin lugar alguno a la improvisación... a no ser que ésta ya estuviera previamente planeada. Es la más inteligente de todas, sabe siempre qué hacer y cómo hacerlo, conoce al dedillo todo lo que la rodea, porque CONTROLA todo. Usa a Bárbara cuando y para lo que quiere/necesita, la manipula sin que ella se entere. Valentina y Wendy se han dado perfecta cuenta de ello y hasta lo han comentado entre ellas en más de una ocasión, pero Bárbara no parece enterarse, y es que Bárbara, sencillamente adora a Martina. Quizás porque la necesita. Quizás porque Martina es el orden. Quizás porque Martina es la única que sabe hacia dónde se dirige Bárbara en línea recta a toda leche. Martina siempre tiene un razonamiento lógico preparado para cualquier situación, todo el mundo le pide consejos, porque da los mejores. Pero Valentina sabe cuál es su punto débil... la curiosidad... un día morirá de ella, como aquel gato. Martina cuando se encuentra mal, aprovecha para organizar cosas pendientes, para ver qué tiempo hará en Semana Santa, pensar y anotar las cosas que meterá en la próxima maleta, y leer (porque le encanta leer absolutamente TODO).
Valentina pensó que ya estaba bien de tanto pensar. A fin de cuentas estaba enferma, allí tirada en la cama, hecha un trapo lleno de mocos y destemplanzas, una vez más. Y en primavera. Con sol.
Y en esas andaba cuando pensó que lo mejor sería ver el partido de fútbol, o leer un rato, o preparar su próxima visita a su amiga alice/pat/mia/neue/..., o simplemente elaborar una lista (¡ahhh! Valentina adora las listas) con todas aquellas posibilidades y anotar los pros y los contras de cada una para al final no decidirse por ninguna, porque Bárbara llegará, la llamará estúpida insegura y hará que se duerma de una colleja bien dada en todo el alma.

... nowhere woman ...
1 comentario:
Un día vendrá el sombrerero loco y os dará por culo a todos.
(Lo siento, me la has puesto muy fácil, tenía que decirlo)
Ahora dame una colleja bien dada.
Valentina es un nombre que mola. Siempre me gustó. De pequeña tenía una amiga imaginaria que se llamaba Valentina. Pero no era una humana, era una mula. Años después, tuve una suegra que se llamaba Valentina. Pero no quiso conocerme porque dijo que yo le robaría a su hijo.
Valentina es un nombre que no mola.
Bicos perdidos.
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